Escenifican otomíes la pasión y muerte de Jesús

FOTO: Todo estaba consumado en el cerro de San Francisco, Tolimán

  • Varios de sus diálogos, en ñhañhü
  • Primera ocasión que indígenas representan el pasaje religioso

Juan José Arreola

Tolimán, Qro., 2 de abril.- En la parte alta del cerro de Casa Blanca, en medio del semi-desierto queretano, fue crucificado Nabor Álvarez Martínez, vecino de El Sabino e hijo de Juana Martínez, ambos indígenas otomíes. Mujeres con coronas de espinas en la cabeza, provenientes de una docena de comunidades de la región indígena de este municipio, siguieron el camino que recorrió Nabor -en su personificación de Jesucristo- hasta la parte alta del cerro de San Francisco.

Con las coronas, dicen ellas, sufren parte de lo que él sufrió, además de que con ellas se muestra el arrepentimiento y la expiación de los pecados, explicó Matilde Sánchez.

Ahí, al lado de Dimas y Gestas, seguido por unos 500 vecinos otomíes y observado por su mamá, se cumplió la palabra empeñada por vecinos de la región ñhañhü de Tolimán, de escenificar, por primera vez, la pasión y muerte de Jesucristo.

No hubo autoridades municipales ni estatales, como tampoco gente del área de cultura como tampoco de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). Solamente vecinos de la región.

Aniceto Reséndiz Sánchez, uno de los animadores de la escenificación, tomó el papel del centurión y fue quien instigó, una y otra vez a las niñas y niños ñahñhü a pedir que Nabor muriera crucificado.

Durante todo el montaje de la pasión, decenas de niños con máscaras de diverso tipo, corrían por el camino donde pasaba la procesión, como una especie de fantasmas, aún cuando representan a los judas que van y vienen por todos lados, explicó Aniceto Reséndiz.

La idea de montar toda la escenificación en su idioma materno no se logró, a fin de cuentas, aún cuando hubo varios momentos en que el sonido de esa lengua se escuchaba.

“Igual y se puede hacer totalmente en otomí para el año próximo”, dice María de la Luz de Santiago Sánchez, quien representó a la madre de Jesucristo y quien, a pesar de saber su intervención en otomí, al momento de decirla, la “soltó” en español.

Juana Martínez, mamá de Nabor Álvarez, vio como lo subieron a la cruz y después, cómo murió por los hombres; “yo estoy contenta porque andaba mal, andaba con la ‘bolita’ de muchachos y se andaba desbalagando pero ahora, mírelo, se compuso mucho y hasta quiso ser Jesucristo”.

En al menos una veintena más de localidades queretanas se realizaron escenificaciones de la pasión y muerte de Jesucristo, como fue el caso de La Cañada, la ciudad de Tolimán, así como en Amealco y, también por primera ocasión, en la capital del estado.

Por la tarde, en Querétaro se realizó la Procesión del Silencio, integrada por unos 400 penitentes que durante una semana estuvieron enclaustrados en el Convento de la Santa Cruz de los Milagros.

Con cadenas en los tobillos y cargando cruces de mezquite, recorrieron una veintena de calles del centro histórico de la ciudad.