Código Político. Protección Civil en crisis

Juan José Arreola

I.

Una y otra vez, Chucho insistió a los policías municipales que lo dejaran entrar a la mina para rescatar a sus amigos que se encontraban en el interior, intoxicados y sin sentido. La respuesta fue la misma: no podía pasar.Luego, le pidió a los rescatistas de la Cruz Roja y a la gente de la Unidad Estatal de Protección Civil que le permitieran ayudar.

Transcurrieron 27 horas después de la tragedia hasta que finalmente le hicieron caso. Fue necesario que llegara el gobernador del estado, José Eduardo Calzada Rovirosa, y que los parientes de los 3 mineros presionaran al mandatario, para que se reanudaran los trabajos de recuperación del cuerpo del tercer minero y se le permitiera a Chucho -un minero de la localidad- participar en el rescate.

II.

Son las 11:20 de la mañana del lunes 25 de junio de 2012. Los hermanos Carlos y Marín González Aguillón, junto con su amigo, Hernán Hernández Reséndiz, se preparan para iniciar la faena al interior de la mina “El Mono”, ubicada en la parte alta de la comunidad de La Plazuela, en el municipio de Peñamiller, que se encuentra a 110 kilómetros al norte de la ciudad de Querétaro.

Carlos, quien es uno de los propietarios, planea sacar el agua que se ha acumulado al interior de la mina, con la finalidad de echarla andar de nueva cuenta.

Él es el primero en introducirse a las entrañas de la tierra; adentro, sin embargo, los gases tóxicos que emana lo marean. Pierde el sentido y cae al agua.

Su hermano se da cuenta de lo sucedido por lo que decide entrar a rescatarlo. Infortunadamente le sucede exactamente lo mismo. Hernán repite la escena.

Los tres, sin sentido, caen al agua y mueren a los pocos minutos.

Otros dos vecinos que se percataron del percance también trataron de rescatarlos pero no lo lograron. Herán Reséndiz Reséndiz, de 34 años de edad, y Donaciano Serrano Martínez, de 23, lograron evitar la muerte, aun cuando salieron con un elevado grado de intoxicación.

III.

La noticia llega de inmediato a sus familias, a sus esposas. El papá de Carlos y Marín ya avisó a la Dirección de Seguridad Pública del municipio; las esposas corren a la bocamina que es rodeada por una docena de vecinos que miran al fondo. Llegan los policías; rodean el lugar e impiden el paso de las personas. No permiten ni siquiera que las esposas se asomen.

La ayuda especializada no llega hasta después de 8 horas de sucedido el percance.

Por eso, María de Lourdes Reséndiz Martínez, esposa de Marín González le reclamó al gobernador del estado, José Calzada Rovirosa, lo lento de la respuesta y la impertinencia de los policías municipales.

“Para qué carajos los queremos (a los policías) si en vez de ayudar estuvieron estorbando; y luego, los de Protección Civil del municipio (de Peñamiller) llegaron como 4 horas después y sin equipo”, dijo la ahora viuda.

Los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública arribaron a la mina después de 30 minutos de haberse reportado el accidente. Rodearon la bocamina e impidieron el paso de cualquier persona, a pesar de que varios lugareños que conocen el lugar, pidieron autorización para rescatar a sus vecinos.

IV.

El pasado 6 de octubre del 2011, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) clausuró este aprovechamiento por considerar que la emanación de gases tóxicos y el bajo nivel de oxígeno eran factores de alto riesgo para laborar.

El titular de la Unidad Estatal de Protección Civil, Gerardo Quirarte Pérez dijo desconocer si la mina continuaba clausurada o ya se había permitido su explotación.

Elementos de Protección Civil y espeleólogos de la Cruz Roja lograron rescatar los cuerpos de Carlos y de Marín; el primero alrededor de las 2 de la mañana de este martes, y el segundo cerca de las 10 de la mañana.

Alrededor de la una de la tarde del martes 26 de junio, deliberaban si intentaban rescatar el tercer cuerpo, aunque la idea era suspender las labores pues consideraban que eran de alto riesgo. Prácticamente habían tomado la decisión de suspender el trabajo de rescate, en tanto que la gente de la comunidad tomaba la determinación contraria, la de continuar ellos solos, si era necesario, la búsqueda del cuerpo de Hernán.

La gente, unas 200 personas, esperaban pacientemente, sentadas entre las piedras, a que saliera el tercero de sus vecinos. Ahí estuvieron todo el tiempo, en silencio, esperando.

V.

Cerca de los 2 de la tarde, a bordo del helicóptero “Conin” propiedad del gobierno del estado, llegó a la zona del percance el mandatario del estado, José Eduardo Calzada Rovirosa. Primero se dirigió con don Lole, papá de Carlos y Hernán. Hablaba con él cuando se empezaron acercar los familiares a pedir que interviniera para que se siguieran los trabajos de rescate.

Calzada Rovirosa habló con el titular de la Dirección de Gestión de Emergencias, Gerardo Quirarte Pérez, quien le informó que era muy riesgoso intentar sacar el tercer cuerpo.

Luego, el gobernador habló con los rescatistas, quienes coincidieron con la versión de Gerardo Quirarte: era muy riesgoso entrar por el tercer cuerpo pues además de los gases tóxicos y la falta de oxígeno, consideraban que el agua tendría, al menos, unos 150 metros de profundidad.

VI.

La presión, la insistencia de los pobladores o la sensibilidad, hizo que el gobernador dijera a los deudos de Hernán Hernández y a los demás vecinos: “Les prometo que lo vamos a rescatar”.

Chucho les explicó cómo era la mina, qué se podía hacer. A las 9 de la noche del mismo martes, el cuerpo de Hernán, hijo de Timoteo Hernández, fue sacado de las entrañas de la madre tierra.

Timoteo pudo, por fin, volver a ver a su hijo.