Código Político: Campaña mediática

FOTO: Pepe Calzada.

Por Juan José Arreola

Una mayor presencia en los medios de comunicación de las campañas y las contra-campañas, es el escenario que previsiblemente observaremos en este proceso electoral 2009 que recién ingresa a la etapa de las campañas.
Dependiendo del objetivo que se busque y, obviamente, de lo permi-sible y lo no permisible conforme a la ley, es que se distinguirá el medio para enviar el mensaje.

*La campaña

La ciudadanía paulatinamente ha modificado las razones de su voto; primero, porque la mayor cantidad de sufragios son emitidos por personas que no forman parte de un partido político y por aquellas que ni militan en ellos ni se identifican con alguno. Por eso es que no tienen ‘compromiso’ de votar por la institución partidista y por sus candidatos.

El voto mayoritario se emite, primero, en función del conocimiento del candidato o candidata y, segundo y muy seguramente, por la confianza que se le tenga o que se forje durante la campaña. Para definir y decidir el voto o, en el caso de los candidatos, para convencer al ciudadano de emitirlo a su favor, hay solamente un plazo de 45 días.

La reducción de días en campaña obligará a partidos políticos y a candidatos, buscar ‘atajos’ para llegar a los electores lo más rápidamente posible y con mayor certeza y convencimiento. Por esto mismo, la contienda electoral tendrá como principal escenario los medios de comunicación y, contradictoriamente, la búsqueda del voto cara a cara, es decir, candidato-elector.

En consecuencia, los medios de comunicación tendrán un papel más importante que en otras ocasiones. Y si esto es real, entonces los candidatos y partidos políticos tendrán la necesidad y la obligación de contar con personal experto en el manejo de la difusión y el envío del mensaje. Ahora, también, se requerirán candidatos capaces de convencer, uno a uno, a los electores, para obtener su voto, partiéndose del hecho de que cada vez tiene menor peso el llamado ‘voto duro’; esto es, aquel que vota siempre y casi, casi sin pensarlo por ‘su’ partido.

Un dato numérico nos ubicará en el contexto que describimos. De acuerdo a los resultados de la encuesta sobre economía, gobierno y política, realizada en abril pasado por la empresa “Consulta Mitofsky”, entre la población en general hay más que rechazan a los partidos políticos por encima de quienes se identifican con ellos.

En el caso del Partido Acción Nacional (PAN) que dirige Germán Martínez, 26.8 por ciento de la ciudadanía consultada lo rechaza, o sea, dijo que nunca votaría por el blanquiazul, en tanto que 21.1 por ciento dijo que sí votará por sus candidatos. En el caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) -encabezado por Beatriz Paredes Rangel- la situación es menos mala pues 23.4 por ciento lo rechaza contra 26.4 por ciento que se identifica con el tricolor.

Mencionar ya solamente al Partido de la Revolución Democrática (PRD) presidido por Jesús Martínez. Al sol azteca lo rechaza el 35.3 por ciento, mientras que el 13.3 por ciento lo rechaza.

Estos aspectos (rechazo-identidad) y las cifras mencionadas pueden dar la pauta para la estrategia de campaña. Por un lado el buscar que la identidad se incremente pues así se eleva la potencialidad del voto a favor. La otra, infortunadamente, tiene que ver con los mecanismos para tratar de incrementar el rechazo ciudadano a los partidos oponentes, bajo la creencia que en automático significaría el aumento de la aceptación o identidad con otros partidos políticos.

*Y la contra-campaña

La ausencia de una legislación aplicable para controlar los mensajes en el internet que agreden a terceros, los insultan o de plano los degradan, es el escenario ideal para el florecimiento de esta actividad. Sumar a esta situación la declaratoria abierta del Instituto Electoral de Querétaro (IEQ) de no involucrarse en la supervisión y mucho menos en una potencial reglamentación de los mensajes que utilicen la internet para difundirse, hay vía libre para el incremento de estas opciones.

Por eso es que a diferencia de otros procesos comiciales está claro que en éste se echará mano, de manera superlativa, de la red de redes para agrandar la guerra de insultos. Justo, ya lo decimos, por la ausencia de una ley que lo impida y dos, por la necesidad (ficticia) que han engordado los partidos y los políticos, de tratar de desprestigiar a los contrincantes.

En esta perspectiva, el internet se convierte en un medio de comunicación ‘mandado hacer’ para cumplir con el objetivo de denigrar al contrario. No descarta otras opciones pero si se ve privilegiado por garantizar una amplia audiencia y difusión y, dos, porque garantizas también el anonimato. Así, por ejemplo, cualquier militante de cualquier partido político a quien se le encargue agredir al contrario, de manera relativamente sencilla lo puede hacer y sin ser identificado.

Justo en este momento, por ejemplo, circulan en la internet al menos cuatro videos en los que se acusa al candidato del PRI, José Eduardo Calzada Rovirosa, de estar vinculado con el narcotráfico. Cantidad similar de videos en los que el candidato a gobernador por el PAN, Manuel González Valle se encuentra relacionado con actos de corrupción cometidos, supuestamente, durante el periodo en el que se desempeñó como presidente municipal de la capital queretana.

La utilización de los medios de comunicación en ambos sentidos, requiere de expertos en comunicación, en periodismo y en relaciones públicas. Aunque todo se volverá inútil si no se tiene políticos expertos en el respeto y el comportamiento ético. Si los tuviéramos, júrelo que no tendríamos esa contra-campaña ¿o qué cree usted?