Código Político. Cadena de tropiezos

Juan José Arreola

Suponiendo sin conceder que el presidente municipal de Cadereyta, Antonio Pérez Barrera en verdad hubiera sido descubierto por sus (ex) compañeros del Partido Acción Nacional (PAN) en acciones truculentas, de corrupción y desvío de recursos públicos ¿qué indica la lógica que hubieran hecho? Supongo que para no dañar la ya deteriorada imagen del partido, habrían tratado de iniciar la investigación de inmediato pero sin darle promoción pública; sin recurrir a los medios y, por supuesto, no lo hubieran acusado ni insultado hasta en tanto tuvieran la confirmación de las acusaciones. Y eso…

Una vez comprobado que incurrió en hechos ilícitos, el siguiente paso era expulsarlo del partido y, en tercer lugar -ahora sí- difundir lo sucedido y darle detalles a la prensa.

De esta manera no involucraban al partido en una trifulca que, siendo interna en su investigación, iba a dejar bien parado al PAN si al concluirse hacia público el resultado. Hubiera dado un ejemplo de congruencia con la honestidad.

Por lo menos eso me indica la lógica. Pero todo lo hicieron al revés.

*Unidos como cadena

Contrariamente a la lógica elemental, el PAN actuó de otra manera y se le hizo bolas el engrudo.

Todo hace suponer que antes de que el alcalde de Cadereyta renunciara a su militancia en el blanquiazul, no había en curso investigación alguna radicada en algún órgano de control o de dirección del partido, como lo afirmaron Ricardo Anaya Cortés y León Enrique Bolaño.

La indagatoria inició después de que Antonio Pérez renunció al PAN, no se radicó en algún órgano interno del partido sino ante la Contraloría del municipio de Cadereyta y tampoco fue iniciada por la dirigencia estatal, sino por el presidente del blanquiazul en el municipio de referencia.

Es decir, fomentaron se formara una cadena de mentiras.

Si lo hasta aquí referido es congruente, entonces habremos de considerar que los desatinos blanquiazules -que se suscitaron uno tras otro- tuvieron que ver más con una reacción intempestiva, con un coraje entripado de saber que el alcalde había renunciado a las filas del partido.

En lugar de guardar cordura y encarar el asunto al interior de la estructura partidista, Ricardo Anaya prefirió hacerlo público.

Esto quedó mucho más claro cuando el mismo jueves 13 de enero, minutos antes de que iniciara la sesión ordinaria del pleno del congreso del estado, Anaya Cortés platicó lo sucedido a su compañero de bancada, León Enrique Bolaño. Este le increpó: “¿Porqué no me lo dijiste antes?” Acto seguido y al igual que Ricardo Anaya, se dejó guiar por el hígado, subió a la tribuna parlamentaria y lanzó improperios al ya ex militante del PAN. Lo llamó cobarde y tramposo.

Es decir, reaccionaron impensadamente frente a una acción que les cayó de improviso o, para decir lo menos, no la esperaban tan pronto.

*Eslabón por eslabón

La historia de los tropiezos siguió este miércoles 19, al publicarse un desplegado firmado por los presidentes municipales panistas, en respaldo a su dirigencia y en contra de Antonio Pérez.

El error no fue publicarlo; consistió en el hecho de que lo hicieron sin consultar al presidente de su partido, Ricardo Anaya y tampoco al coordinador de ellos, el alcalde de Querétaro, Francisco Domínguez Servién. Todo coordinado por el inefable alcalde de Tequisquiapan, Raúl Orihuela González.

Es decir, ni pelaron al presidente ni pelaron al coordinador.

Y aunque no lo parezca, lo peor vino después. Primero, con el deslinde que de todo esto hace el mismo Francisco Domínguez, al confirmar que no fue consultado para la realización del escrito, ni para incluir su firma, como tampoco para la publicación del mismo.

Segundo, con la revelación que el mismo Francisco Domínguez hizo, al asegurar que no tenían pruebas concretas de las acusaciones realizadas en contra del edil cadereytense. Ratificó, en consecuencia, que no había investigación alguna.

Esta hipótesis se refuerza con el hecho de que 6 días después de que Antonio Pérez entregara su renuncia al PAN, el presidente del partido en Cadereyta, Arturo Martínez Ledesma, finalmente presentó una denuncia ante la Contraloría municipal.

Podemos interpretar que después del coraje y de las declaraciones impensadas, la dirigencia blanquiazul se lanzó a armar la denuncia. La tuvo lista 6 días después.

*Epílogo

Independientemente de que Antonio Pérez resulte o no responsable de lo que se achaca (de desviar recursos públicos mediante la contratación de decenas de asesores, que lo que hacen es presentar documentos públicos disponibles en Internet, y así justifican pagos de hasta 50 mil pesos mensuales, como lo dijo Arturo Martínez), desde ya podemos sostener que la dirigencia panista actuó de manera equivocada.

En este momento, además de existir una crisis política que estaba en sus manos evitarla, las consecuencias de la misma empiezan a gestarse y son negativas para la institución partidista.
Pero además, esta crisis ha dado la pauta para que sus contrincantes político-partidistas aprovechen para denostar contra el blanquiazul y emitir declaraciones de respaldo para el alcalde de Cadereyta.

Ellos -priistas, convergentes y nuevoaliancistas, por ahora- han “arropado” a Toño Pérez Barrera y le han dado el impulso para poder proyectarse políticamente, en lugar de hundirse, como pareciera ser que los panistas quieren que le suceda.

A ciencia cierta no sabemos cómo terminará el conflicto; si se encontrarán elementos de culpabilidad o si Pérez Barrera resultará exonerado.

Lo que sí sabemos desde ahora es que con estas acciones (y tropiezos) el PAN apostó, una vez más, su credibilidad en una partida que aparentemente inició mal y que así terminó para él, mal.