Código Político. Balance electoral (II)

Juan José Arreola

Desde hace 15 años, el estado de Querétaro dejó de ser monopartidista para convertirse en bipartidista; quienes habita (habitamos) esta tierra que vio nacer al ‘abuelo’ del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encuentra prácticamente dividida en dos partes. El mensaje político-electoral que hemos mandado los electores es que nuestro voto -por lo menos el de la mayoría- está de lado de quien nos garantice mejores condiciones de vida.

Cada elección aumentan los votos ciudadanos -esos que castigan o premian un ejercicio gubernamental- por encima de los llamados votos “duros”; es decir, aquellos que se entregan a un partido político en específico sin importar si sus candidatos son o no los adecuados y sin importar si el gobierno saliente hizo bien o mal las cosas.

Este fenómeno ha crecido de tal manera que ya permea las filas de los mismos partidos políticos al grado de haber militantes de uno que votan a favor del candidato del otro por considerar que es mejor, o que el de su instituto político fue nombrado antidemocráticamente, solo por poner algunos argumentos.

Sustentados en esta visión es que podemos afirmar que los queretanos hemos aprendido a votar a favor de nosotros mismos, de los ciudadanos.

Por eso es que también las últimas 5 o 6 elecciones, las victorias y las derrotas se logran o se sufren apenas por pequeñas diferencias.

En consecuencia, es muy difícil e incluso hasta irresponsable afirmar que Querétaro es priista o es panista; Querétaro es una entidad en donde paulatinamente toma mayor fuerza el voto ciudadano.

Este sufragio tiene otra cara. Además de castigar a los que considera como malos servidores públicos, también castiga a quienes fueron electos en procesos poco democráticos o, de plano, a quienes fueron designados, impuestos.

*Derrotas explicables

A la luz de estas consideraciones podemos evaluar algunos de los resultados que arrojó la contienda del pasado primero de julio.

Por ejemplo, en la contienda federal cargaron con la derrota personajes como Socorro García Quiroz y Juan José Ruiz Rodríguez; esto no sucedió porque implícitamente fueran malos políticos o malas personas. Eso debe de descartarse.

La evaluación tiene que ver con la imposición de sus candidaturas, con la manera poco transparente del por qué ellos fueron los elegidos.

Lo mismo le pasó a Bibiana Rodríguez Montes, del PAN, quien de último momento asumió la candidatura a la diputación federal por el segundo distrito.

Segundo ejemplo. El diputado del PAN por el primer distrito local, Salvador Martínez Ortiz abandonó el cargo para competir por una regiduría, y su compañero candidato por el mismo distrito, perdió.

Bernardo Ramírez Cuevas, diputado local del PRI por el cuarto distrito se dedicó más tiempo a ejercer su cargo dentro del partido por encima de su diputación, y su compañero candidato también perdió.

La lista sigue: se fue Juan José Jiménez a respaldar la campaña de su compañero Fabián Pineda Morales, y el candidato del PRI a ese distrito -el sexto- cargó con la derrota.

Lo mismo sucedió en el séptimo distrito (Dalia Garrido), en el 12 (Joaquín Cárdenas Gómez), en el 13 (Pablo Ademir Castellanos), el 14 (León Enrique Bolaño) y en el 15 (Juan Fernando Rocha Mier).

Es decir, que 8 de los 14 diputados locales que se fueron a buscar otro cargo popular o se incorporaron a trabajos partidistas a cambio de dejar su obligación legislativa, heredaron la derrota a quienes querían sucederlos en el cargo.

En los municipios, la historia fue muy parecida pues en 14 de los 18 la elección dejó como saldo la nominación de alcaldes surgidos de un partido político distinto al que hasta ahora gobierna.

Sólo en Pedro Escobedo, San Joaquín, San Juan del Río y Amealco de Bonfil se eligieron autoridades municipales del mismo partido político del actual gobernante, aunque en el caso de Pedro Escobedo y de San Juan del Río, la diferencia entre el triunfador y el perdedor fue menor al uno por ciento de la votación. Es decir, fue una contienda sumamente cerrada.

*Interpretar los resultados

Tercer ejemplo. Aun cuando el candidato del PRI a la presidencia municipal de Querétaro, Roberto Loyola Vera, ganó la contienda al panista Armando Rivera Castillejos, el tricolor perdió los distritos 3, 4, 5 y 6 que se encuentran en el territorio municipal.

Más aún, el candidato tricolor a la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, perdió en los distritos tres y cuatro federal… que se encuentran dentro del territorio del municipio de Querétaro.

La zona urbana de la capital del estado fue ganada por los candidatos del PAN a diputados locales, a diputados federales y a la Presidencia de la República.

Vistos estos resultados desde otra óptica, desde otro ángulo, resulta extraño, por decir lo menos, que el candidato del tricolor a la alcaldía capitalina se haya alzado con la victoria.

Al analizar de esta manera los resultados de los comicios, podremos entonces concluir que la composición del congreso del estado en su próxima legislatura, la 57, es lógica.

No habrá partido político alguno que sea mayoría. Ninguno cuenta con 13 diputados lo que obliga a trabar alianzas para poder obtener la mayoría simple y, más aún, una mayoría calificada (17 de los 25 diputados) requerida para aprobar, por ejemplo, reformas a la constitución del estado.

La ciudadanía -interpretamos- está exigiendo a los partidos políticos y a sus representantes, que busquen acuerdos, que logren leyes sustentadas en las alianzas; que dejen los vituperios y que eleven el nivel del debate; que se convenzan, que abandonen la línea del partido político al que pertenecen.

La única duda que nos queda es saber si en realidad los políticos han entendido a la ciudadanía y a sus mensajes.

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*